• Regitours• SaladosFernando Villa Escárciga
Quizá nunca como aquel agosto del 2002 los medios de comunicación en Guaymas, escritos y hablados, soltaron tanta rabia por un viaje de regidores fuera de la ciudad y del estado.
Corría la administración del panista Bernardino Cruz Rivas a quien, mañosamente, los medios y las concubinas fuerzas vivas del puerto querían achacar los espantosos derrames de drenaje.
Los medios afines al gobierno, casi todos, se arrodillaban ante el gobernador Armando López Nogales y lejos de responsabilizarlo como cabeza de la Coapaes, enderezaban sus baterías contra la administración de Bernardino.
Sí, quizá nunca como entonces los regidores de un Ayuntamiento fueron tan criticados, vilipendiados por voces rabiosas que como colegialas histéricas soltaban chillidos acusatorios.
En una y otra y otra radio fueron acremente condenados Víctor Parra Maldonado, Alejandro Calvo Gómez, Marco Antonio Sánchez, Clemente Rodríguez, José Luis Bolaños e Ignacio Gastélum Delgado.
“Son unos pránganas”, “Van de turistas al Distrito Federal”, “Bola de borrachos”, se decía de los regidores que, lejos de arredrarse, fueron resueltos en busca de soluciones al gran problema del drenaje.
Pero esos “pránganas turistas” acallaron las fauces que desde el puerto vomitaban apostando a su fracaso:
Se entrevistaron con el presidente Vicente Fox Quesada en la residencia oficial de Los Pinos y desde ahí surgió la orden de inyectar cuantiosos recursos a Guaymas.
Por orden presidencial, los Regidores y el propio Cruz Rivas fueron atendidos por el director de la Comisión Nacional del Agua, Cristóbal Jaime Jacques en la capital del país.
En gran medida por el carácter pluripartidista de los ediles –PAN, PRI y PRD—también encontraron un gran respaldo en el Congreso de la Unión.
A ellos hay que abonarle un gran, pero gran apoyo del entonces diputado federal Julián Luzanilla Contreras y del presidente del Senado de la República, Diego Fernández de Cevallos.
Igual se sumaron al cabildeo por Guaymas la diputada Petra Santos Ortiz y el tabasqueño Oscar Cantón Zetina, quien llegó a ofrecer la tribuna de San Lázaro a los ediles guaymenses.
En pocos días aquel grupo de “borrachos”, con enorme apoyo de Alfonso Durazo y de Ernesto Gándara desde la secretaría particular del Ejecutivo Federal, logró lo que ni un alcalde ha alcanzado para Guaymas.
En menos de cuatro días, a partir del esfuerzo de aquellos regidores el Congreso de la Unión emitió un Punto de Acuerdo que apoyó el Presidente de la República para destinar cuantiosos recursos a este Municipio.
Sí, fueron 130 millones de pesos los que destinaron a la inversión del drenaje a Guaymas con otra cantidad que aportó el Congreso de Sonora, también gracias a la gestión de los regidores.
Cómo se aplicaron y quiénes quisieron “ponerse la medallita” es otra cuestión; basta recordar que tanto Carlos Zataráin como Antonio Astiazarán, uno como alcalde y otro como diputado quisieron salir en la foto.
¿A qué viene tanto cuento con los viajes edilicios?
A que durante los años posteriores los regidores del Ayuntamiento, preferentemente del PRI, han realizado tours ominosos para el erario y tanto medios como la clase política han mantenido silente complicidad.
Nomás recuérdese aquel periplo de varios ediles invitados por el entonces alcalde Carlos Zataráin a Monterrey, donde con cargo a la tesorería municipal les pagó viajes, hotel, comilonas y bebidas hasta el hartazgo.
Más todavía, antes de llevarlos a conocer el Mar Caribe, desde el paradisiaco Cancún, Zataráin regaló a los ediles lustrosas chamarras de piel de corte regiomontano. Ni el Piporro lucía tan elegante.
¿Qué provecho obtuvo el pueblo de Guaymas de esos viajes edilicios plenos de holganza? Estamos de acuerdo: Nada.
Ah… Más viene a cuento el asunto por un rumor que desde las catacumbas de la grilla crece con aderezos de hórrida leyenda, muy propia para los días que corren.
Sepa si será cierto, falta mucho por saber, pero se dice que un edil priísta se paseó por los seculares canales de Venecia con cargo al presupuesto municipal del trienio anterior.
Tan briago andaría el oriundo de la colonia San Vicente, que babeando tinto de La Toscana exigía al gondolero que entonara La Barca de Guaymas en italiano. “Sí, don Raúl”, le respondían.
Los rumores dicen más, como el caso de otro edil que a pocas semanas de concluir el trienio habría recorrido con harta gracia más territorio colombiano que el coronel Aureliano Buendía en La Guerra de los Mil Días.
Salados…A propósito de tierras, quién sabe en qué habrá quedado el dichoso trueque de 366 hectáreas por menos de 2, en uno de los negocios más opacos de la memoria reciente.
Más vetado que Los Tigres del Norte por su tema de “La Granja”, el pergeñador se remite a la versión de que dos grupos empresariales, entre los que aparece el apellido Roussek, también reclaman esas tierras.
El asunto que huele a apestosa barandilla, cuentan los que saben, es del conocimiento de ilustres funcionarios y políticos asentados en la urbe azteca con despachos jurídicos de renombre.
Quién lo dijera: Los terrenos de “La Saladita” están más salados que las candidaturas del Chico Vázquez y ahora no son dos sino cuatro, el Ayuntamiento entre ellos, quienes pretenden aperingarlos.
Al parecer hubo o hay una sociedad frustrada y las partes exigen su parte de esos terrenos que, como muchos de Guaymas, están más disputados que el tafanario de una suripanta en el Paralelo 38.
Pero falta saber la postura en definición oficial, sigue el caso pendiente, del par de ingenieros aficionados a matar animalitos y si por su condición de párvulos en la política no resultan cazadores cazados.
Sólo falta esperar que esto no sea parte de Los Cabos atados en aquel viaje soterrado del que, rumoran, habrían surgido acuerdos de impunidad con muchos miles de panzas de rana cambiando de manos.
Ni le busque a las claves, quien esto escribe tampoco las entendió.
Salud a todos, pues. Como siempre.
fdovilles@hotmail.com