El arte de escribir y hablar
Trova cubana - bohemia mexicana
Casi 10 años después
Por Ventura Cota y Borbón III
Hace unos pocos días iba deambulando por la calle 19 y avenida Serdán y un letrero en el vidrio trasero de una camioneta Voyager que sirve de resguardo a un puesto de venta de chucherías, llamó mi atención de manera automática. En éste, decía lo siguiente: “Venta de controles remotos universales sin nececidad (sic) de programarse”.
Por costumbre y más que nada por metiche le comenté al encargado del puesto aludido, que la palabra NECESIDAD estaba escrita erróneamente.
La persona de manera amable me remitió a un joven que estaba atendiendo el negocio y me dijo que él es quien se encarga de escribir los letreros porque era el único que contaba con estudios de preparatoria.
Sin palabras. Me di la media vuelta y apuré el paso.
Lamentablemente hoy en día la ma-yoría de los estudiantes de cualquier nivel desconocen los cánones que rigen el bien escribir y el bien hablar. Claro que no es privativo sólo de los estudiantes, incluso profesionistas con algunos años de ejercer cometen errores garrafales al escribir y a veces, hasta al hablar.
La ortografía y la ortología, conviven simbióticamente por la importancia de sus estudios. La primera –ortografía-, de acuerdo a su raíz etimológica y usando una definición breve y concisa, nos dice que es al arte de escribir correctamente. Por su parte, la ortología, nos remite al arte de hablar con propiedad.
Y es que de escribir y hablar incorrectamente nadie escapa. En algún momento de nuestras vidas somos vulnerables de incurrir en esos dislates. Y lo peor de ellos, es que a menos que sea por ignorancia –me inclino por esa razón-, a veces lo hacemos simplemente porque lo “dicta” la moda.
Me explico. Ahora con el mentado messenger o el chat (neologismo surgido relativamente hace poco tiempo y que significa platicar o charlar) y los mensajes a través de los teléfonos celulares, los jóvenes al “comunicarse” usan galimatías.
Sinceramente eso de apocopar o incluso sincopar las palabras, resulta en una verdadera grosería para nuestra lengua materna.
Nuestro castellano o español, considerado mundialmente como una de las lenguas romances más hermosas del universo, lo estamos despedazando diariamente y esos desusos están contribuyendo a que cada día haya en estas generaciones personas con abultada ignorancia.
Tan bonito que es escribir y hablar bien. Aunque es verdad que existen reglas cuyas guías nos informan cuál o tal palabra se escribe o dice de una forma, también es cierto que el leer constantemente es la mejor manera de aprender más cada día.
Desafortunadamente, también en el rubro de la lectura cojeamos intensamente. En el país, de acuerdo a las estadísticas, se lee un promedio de 0.9 libros per cápita. Ello quiere decir que no somos una nación que nos distingamos por ser asiduos lectores.
Y luego de pilón, para acabarla de amolar, en el presupuesto del 2010, la inversión (gasto, le llama el gobierno) en la educación y las ciencias se verá reducida en 1.7 % del producto interno bruto, que en español se traduce en ochocientos millones de pesos menos invertidos con-cretamente en las universidades públicas.
Recientemente el secretario de Educación, un tal señor profesor de ape-llido Lujambio, descubrió el hilo negro al afirmar que en el nivel bachillerato estamos muy mal, especialmente en matemáticas y español. Pues como no, con semejantes secretarios al frente de dependencias que actúan como factótum.
Y ya para terminar con este penoso tema, en un boletín que remitió el gobierno del estado en las anterior visita del gobernador Guillermo Padrés Elías al puerto guaymense, en uno de los apartados decía: “El Gobernador Guillermo Padrés Elías hará entrega de enceres (sic) a los damnificados por Jimena”.
Dos errores detecté en ese simple pá-rrafo. El primero, es en lo concerniente a las mayúsculas diacríticas. Cuando se escribe algún tratamiento y se va a prescindir del nombre propio, se escribe la inicial con mayúscula, sin embargo cuando aparece dicho nombre debe hacerse con minúscula.
Segundo error. La palabra a que ellos aludían es –me imagino- enseres (que se refiere a los utensilios, muebles o instrumentos para un hogar o negocio), de otro modo estarán refiriéndose al verbo no personal en infinitivo encerar.
Por eso digo que donde quiera se cuecen habas. ¿Verdad comunicación social del Ayuntamiento de Guaymas y Empalme?
¡Vaya con la yegua baya que brincó la valla!
LAS CONSTANTES CARRERAS EN LA LUCHA por la supervivencia diaria nos hacen que olvidemos que la vida debe ser un carpe diem, como decían los latinos.
Sinceramente tenía bastante tiempo que no me amanecía en una tertulia.
La semana que acaba de concluir, en la casa –que también es la suya- tuvimos a bien recibir a un grupo de nuevos amigos, a su vez amigos de mi hija y esposa con los cuales, en lo personal pasé una velada de antología.
Fue suficiente reunirnos en torno de una mesa, tener a la mano una buena guitarra valenciana con al menos treinta años de antigüedad, unas pocas de cervezas –para aquéllos que beben-, un par de cajetillas de cigarros y la voluntad de pasarla bien.
Entre los tertulios estaban dos personas de origen cubano. Rafael y Sergio. Uno, amante de la bohemia o trova como la denominan en la caribeña isla; el otro, ensalsado en su baile y mostrando sus habilidades de bailador de ese ritmo afrocubano: la salsa. Ambos son profesores, uno del Cecati No. 23 y otro del CET del Mar respectivamente.
Cantamos desde música latinoamericana, ranchera, cubana hasta lo que inventamos. Letras tan diversas de Pablo Milanés, Alberto Cortés, Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Álvaro Carrillo y muchos más que íbamos recordando en el momento.
Cuando menos pensamos, eran las tres de la mañana. Una ampolla anunciaba que mis manos ya no podían tocar más la guitarra y los bostezos de cansancio de los presentes, empezaron a aparecer.
Qué bien nos la pasamos fue una de esas noches que no se programan pero que la espontaneidad las hace salir.
La bohemia o trova se repetirá –Dios mediante- por que así fue la promesa y además de ella, lo importante fue el surgimiento de nuevas amistades.
Una disculpa para todos los que estuvieron en mi humilde jacal ése día, pero no me aprendí de todos su nombre, sin embargo me llevé una muy grata impresión, misma que espero haya causado en ellos.
Dios aprieta pero no ahoga.
YA PARA TERMINAR COMO DICE LA OLIVIA, me es grato en lo particular comunicarle a nuestros lectores que el mes que llega (2da edición de diciembre, es decir en el número 182) la revista Sin Límite Avante y su personal, arribaremos al décimo aniversario de estar con ustedes ininterrumpidamente.
Se escribe y dice fácil, pero durante dos lustros mantenerse en el gusto de unos cuantos o muchos, es una proeza que pocos la logran. Sin Límite Avante, aun con sus altas y bajas seguimos firmes en estar con ustedes cada quincena. Claro su apoyo y preferencia tienen un significativo aliciente. Por ello, gracias mil. He dicho.